miércoles, 19 de agosto de 2009

" LA ADOLESCENCIA SE PUEDE 'PREVENIR' ". Sábado 1° de Agosto de 2009.


FRAGMENTOS

REPORTAJE
El país
La pubertad será menos conflictiva si los padres saben dosificar la libertad de sus hijos y negociarla con ellos unos años antes - La clave está en fijar límites sin ser autoritarios

Los expertos consideran que hay que darles pequeñas responsabilidades poco a poco e ir soltando amarras. "Desde pequeños pueden encargarse de reclamar al camarero el refresco que olvidó traer o cambiar una prenda en los grandes almacenes aunque estemos nosotros delante", propone la psicóloga Olga Castanyer.

Las salidas tienen que ser progresivas. Si hasta hace poco sus padres les dejaban en la zona de juegos de los centros comerciales, desde la preadolescencia ya pueden ir solos con sus amigos al cine y la bolera de ese mismo centro, llevándoles y recogiéndoles algunos de sus progenitores.
"¿Saben lo que quieren y cómo expresarlo?", se pregunta la psicóloga Olga Castanyer, autora de Enséñale a decir no (Espasa Calpe, 2009). Experta en autoestima y asertividad afirma que para crecer sin inseguridades los niños necesitan límites. "Hay mucha confusión entre educación y autoridad. No ponerles límites les perjudica", continúa. "Si crecen seguros sabrán decir que no a sus iguales o a la presión social cuando les pidan algo que no quieren hacer. Para decir no a la droga hay que tener opinión propia y no dejarse llevar por la corriente", señala.



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Pero la clave es manejar bien el lenguaje, transmitir esos límites. Hay padres (y profesores) habituados a apelar a la autoridad, sin distinguir entre lo negociable y lo que no se puede transgredir. Otros tienden a ser permisivos, persuadidos de que ya les pondrán las pilas en el campamento o en la vida adulta. Esa actitud meliflua no fomenta la autoestima. "Hay que ejercer la autoridad sin miedo, pero sin dañar con las palabras", prosigue Castanyer. "Huir del sermón, ceñirse a los hechos y corregir la conducta, sin sacar la falsa conclusión de que el niño quiere fastidiar", opina.

Urra propone lo que anuncia su último libro, Educar con sentido común (Aguilar, 2009). "Seamos flexibles, pero tengamos también criterio. Si se ha acordado que el chico venga a las 12, hay que venir a esa hora, y no una después", añade. Urra alerta sobre los dobles mensajes que se dan a los hijos y las contradicciones entre lo que se hace y lo que se dice. Reconoce que los adultos son incoherentes y que algunos padres divorciados alientan dobles enfoques. "Tienen que pactar un único mensaje", insiste.

Castanyer pone el dedo en la llaga al señalar que hay padres y madres que enjuician determinadas conductas de acuerdo con su estado de ánimo o su cansancio. "Hoy esto es terrible y mañana ni me entero...". La psicóloga invita a fijar normas y a firmarlas de forma conjunta. "Esta negociación debe iniciarse pronto para que cuando lleguen los años duros (la adolescencia) haya un esquema de razones y no de gritos. La clave es la confianza", concluye.


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"Prohibirles que beban a cierta edad, y cuando su grupo lo hace, quizás sea contraproducente, pero hay que inculcar el consumo responsable. Ahí está la labor educativa: que sean capaces de beber sin emborracharse, que decidan por sí mismos y que vean que por hacer lo que piensan no pierden amigos ni pasa nada", dice Castanyer.

"Sé que me dejará si no me acuesto con él", confesó una chica en una encuesta que Javier Urra realizó para su libro anterior, ¿Qué ocultan nuestros hijos? El ex Defensor del Menor denuncia que se está dando un rebrote machista entre los jóvenes junto a una clara presión para consumir sexo.

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